Hoy Venezuela vive una situación grave, compleja, triste, preocupante, de alta incertidumbre. Y estos son algunos calificativos, a Ud. puede agregar otros tantos para describir lo que vivimos. Lo que queda claro es que necesitamos una solución a la crisis y al conflicto. Escribo esto como ejercicio de pensamiento en voz alta sobre las posibles soluciones que se manejan.

La primera a analizar es la propuesta del gobierno de una Constituyente. Valdría la pena explorar a profundidad esta alternativa, pero sabemos que la resolución del conflicto político-social no es uno de los objetivos que hoy busca el gobierno, sino perpetuarse en el poder o como ellos dicen “hacer irreversible la Revolución”. Además no nos sirve porque el llamado es inconstitucional, representa la continuación de un golpe de Estado, busca sub-representar a una mayoría clara en el país, y, según parece, no tiene el mínimo piso político dentro de buena parte del chavismo. Por último, de llegarse a dar, no representaría mayor cambio o mejora en la vida cotidiana del ciudadano, de hecho, traerá todo lo contrario, un deterioro aún más profundo de la miseria de millones.

La segunda solución que alguna vez se manejó, pero que ahora es rechazada ampliamente es la realización de elecciones regionales. Esto, según los que la apoyan, cambiaría el mapa político del país y obligaría a ceder al gobierno central. Sin embargo, son muchos los puntos en contra. Con un CNE y un TSJ totalmente abyectos al ejecutivo nacional, esas elecciones podrían ser fraudulentas y seguramente el gobierno buscaría alguna alternativa para quitar funciones a los gobernadores de oposición que resulten electos. Así como pasó con la Alcaldía Metropolitana o el mismo estado Miranda que tiene una institución alterna como Corpomiranda. Una victoria abrumadora de la oposición tampoco tendría que dar por sentado un cambio significativo en lo económico.

La tercera alternativa sería la realización de unas elecciones generales. Esta se acerca más a lo que considero una salida óptima. Esta vía significaría el desplazamiento del chavismo del poder tanto central como estadal. Pero se me vienen a la cabeza muchas dudas: ¿Cuáles serían las condiciones de esas elecciones? ¿Estarían en libertad todos los presos políticos para poder participar? ¿Se harían los cambios institucionales previamente? ¿En cuánto tiempo se realizarían? ¿Cómo y quién abordaría la agravada crisis económica en el interín? ¿El gobierno elegido tendría el suficiente piso político para llevar adelante los cambios necesarios? El éxito de esta vía dependerá de las respuestas de estas incógnitas y de otras acá no mencionadas.

La cuarta opción, una transición chavista. Un grupo dentro del chavismo gana suficiente fuerza como para desplazar a Maduro, los Flores, lso Rodríguez, El Aissami, etc. Obligarían a la renuncia del Maduro, pero previamente este designaría un vicepresidente elegido por el grupo disidente. Todo esto sin mayor contribución o reconocimiento de la oposición. Esta posibilidad podría garantizar al chavismo llegar a 2018, siempre y cuando puedan estabilizar la economía y llegar a acuerdos mínimos con la oposición. Esta vía es de baja probabilidad, porque es difícil que un grupo dentro del gobierno consiga hacer la presión necesaria para desplazar al chavismo atornillado en el poder. Para lograrlo, pienso, debe contar con una participación activa de la oposición, y esto nos llevaría a la última alternativa que considerará.

Una transición pactada. Esto abriría las puertas a un gobierno de transición acordado entre múltiples sectores de la sociedad, incluyendo al chavismo disidente (sin cargos por delitos de corrupción, narcotráfico y/o violación de los DDHH), partidos políticos de oposición, los sindicatos, la Iglesia, la academia, los empresarios, los estudiantes, y hasta las mismas organizaciones comunales que hayan podido realizar actividades no clientelares. Los que ejercen hoy el poder serían expulsados, pero habría acuerdos para garantizar un mínimo de condiciones para aquellos sin imputación de delitos graves en su contra. Ese gobierno de transición debe estabilizar el país económica y socialmente, realizar los cambios institucionales para garantizar los derechos de los venezolanos con especial énfasis en el TSJ, el poder judicial, el CNE y en el BCV, realizar cambios en el marco político como la reelección y el período presidencial, así como  otros grandes cambios que deberíamos darnos. La idea es crear un mínimo de condiciones para ir a unas elecciones generales en 2018 y que dentro de ese mismo proceso ocurra un gran pacto multisectorial que nos garantice armonía social durante las próximas décadas.

La oposición debe trabajar de forma urgente y ardua para sentar las bases de ese pacto. Hay muchas organizaciones discutiendo sobre ideas, pero no existe un ente articulador entre estas. Es hora de trabajar en esos acuerdos mínimos porque el tiempo apremia. No todos los que protestan lo hacen exclusivamente por motivos políticos, muchos de ellos lo hacen porque les urge salir de la miseria que hoy viven, tantos ellos como sus familias. Todo cambio político debe venir de la mano con la posibilidad de tener, en el corto plazo, un cambio en lo institucional y sobre todo, en lo económico.

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